Inauguración: sábado 30.05.26
18:00 h
Sala D

 

A Leandro Katz le gustan las palabras con el prefijo des: descabellado, desfachatado, desgarrador, desconcierto, despampanante. Es una actitud poética. Algo que estaba en su lugar y fue sacado de él, algo que se desarma para volverse otra cosa. Metropotamia empieza con un juego de palabras combinadas. “Fue inventar un nombre, un neologismo, una pantalla”.

Concebida para doble proyección sobre una pantalla en zig-zag y música de Richard Landry, la obra desplaza la experiencia frontal de la mirada y propone un recorrido hecho de percepciones parciales y perspectivas laterales, donde la imagen se recompone en el movimiento del cuerpo. Desde este lugar, Metropotamia roza el universo de La visión oblicua de César Paternosto, pues en ambas la mirada se vuelve descentrada, incompleta, activa. El espectador entonces no recibe una totalidad; la busca, la recuerda, la reconstruye. 

Cuando Metropotamia se exhibió por primera vez, en 1982, en la cancha de básquet del Institute for Art and Urban Resources -hoy MoMA PS1-, Thomas Lawson escribió en Artforum: “Katz espera que esta presentación excéntrica estimule a que los espectadores tomen mayor conciencia de su posición como tales, ya que los obliga a moverse para obtener una visión más completa”. 

La conversación entre estas obras, reunidas ahora en el Centro de Arte de la UNLP, pertenece, a su vez, a una historia compartida: la de dos artistas argentinos que se conocieron y vivieron en Nueva York durante décadas. “Apenas me lo preguntás, recuerdo saludarme con César viniendo en bicicleta por la calle Lafayette. Se movía por la ciudad como una saeta”, dice Katz. 

A veces fija, a veces torcida, a veces en movimiento, la cámara de Metropotamia atraviesa Nueva York con esa misma velocidad. El skyline, la azotea, el subte, la hora pico. Las multitudes se derraman por las escaleras, fluyen por el andén y desembocan en la calle, impulsadas por algo que no controlan. Las sombras de las nubes pasan como olas; un ginkgo tiembla fuera de ritmo.

Filmada en time-lapse, la obra comprime el tiempo. Cuatro fotogramas por segundo que convierten ochenta minutos de ciudad en veinte de película. La metrópolis está enloquecida. Sin embargo, la música -un saxofón que se demora, que migra de un parlante a otro, que flota en el espacio- crea una atmósfera envolvente, fantasiosa, de una sensualidad ochentosa. El tiempo se comprime en la imagen y se dilata en el oído.

En sus notas de 1982, Katz señala que Metropotamia cuestiona la idea de la pantalla como una superficie neutra, destinada a desaparecer detrás de la imagen. Esa inquietud había empezado antes, cuando filmaba la luna y reconoció en ella “una especie de pantalla eterna, antiquísima, donde se han posado las miradas de millones y millones de personas”.

A más de cuarenta años de su primera presentación, Metropotamia vuelve con una pregunta abierta: ¿cómo mirar una imagen proyectada cuando la pantalla también mira y devuelve?

Natalia Giglietti

 

Leandro Katz (Buenos Aires, Argentina, 1938). Artista, escritor y realizador argentino, conocido por sus películas y sus instalaciones fotográficas, sus obras incluyen proyectos de largo término que abordan temas latinoamericanos y que incorporan la investigación histórica, la antropología y las artes visuales.