Sábado 21.03.26
Sala D

 

La práctica de observación y composición de Rodrigo Noya se adentra en las capas imperceptibles que modelan la percepción del espacio y del tiempo. Sus obras nos sitúan en un pliegue preciso de la experiencia, donde la micropercepción reorganiza la relación del cuerpo ante la imagen.

En estas piezas, que vuelven palpable lo que suele pasar inadvertido, la memoria visual opera como una fuerza que empuja y tensa lo que está delante y detrás de la pantalla, lo que se asoma a los costados, se esfuma o permanece suspendido. Lo evidente se estira, se contrae o se oculta en la superficie de lo transparente, abriendo un territorio hecho de ventanas sensibles de colores, luces y materialidades, que escapan a la pantallización y expanden la vivencia.

Entre los fragmentos aparece un leve pulso, un zumbido que habilita una hendija: un lugar que permite ver y escuchar desde otra proximidad, aunque estemos, siempre, frente a casi lo mismo.

En este espacio de aberturas -esa sensación- organiza la poética de Noya. Sus piezas presentan una deriva precisa de la mirada a través de planos insistentes, ritmos mínimos, variaciones sutiles y pulsos luminosos que devuelven la textura material y afectiva de lo cotidiano. El dispositivo funciona como un instrumento que afina la percepción, que se convierte en un estudio sostenido sobre cómo miramos lo que el espacio y la memoria inscriben en nosotrxs.

Distorsiones temporales, efectos de sentido, procesos atencionales, sinestesia. En la insistencia sobre lo mínimo se aleja de la espectacularidad dominante y propone una estética de la atención: mirar otra vez, y otra, hasta reconocer simplemente aquello que captamos como un microcosmos.

Esta zona intersticial que abre su obra genera zonas de porosidad donde cada visitante sintoniza su escucha visual y completa el gesto con su propia resonancia. En este procedimiento, el espacio expositivo deja de ser un contenedor estable y se vuelve un terreno compartido, opalescente, permeable, una imagen que se vuelve presencia porque alguien la encuentra.

Hernán Khourian

 

Rodrigo Noya. Artista audiovisual, músico y docente. Diseñador de Imagen y Sonido (UBA), cursa la Maestría en Artes Electrónicas (UNTREF). Su trabajo abarca el video, la música, el documental, la animación generativa, el live cinema y la programación visual. Ha presentado obras en festivales de América, Europa y Asia, como BIM, Oberhausen, BAFICI, PLAY, FIVA, IVAHM, Festifreak, ADAF y otros. Producciones recientes: la serie documental El piano y el tango (2023) y el documental en desarrollo Casa sin gente.

Hernán Khourian nació en la ciudad de La Plata. Es artista audiovisual, profesor e investigador. Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Facultad de Artes (UNLP, 2000), master en Documental de Creación por la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona, 2003) y doctor en Artes en la Facultad de Artes (UNLP, 2020). Ha obtenido diversas becas (Fundación Antorchas, Fondo Nacional de las Artes, Mecenazgo, Fondo metropolitano de las artes, Incaa, Jan Vrijman, Cité Internationale des Arts) y premios a nivel nacional e internacional, entre los que se destaca el Primer Premio en el Salón Nacional de Artes Visuales de Argentina. Como docente y realizador ha coordinado distintos espacios y laboratorios en Argentina y Latinoamérica. A su vez se desempeñó como docente en la UNTREF y en la UNLA, en la actualidad en grado y posgrado en la Facultad de Artes (UNLP) y en la Universidad del Cine (FUC).