Sábado 22.08.26
18:00h
Sala D
Fueron las hormigas (2018) presenta un mapa de América del Sur construido con frutas y expuesto durante varios días en un entorno selvático del Mato Grosso. La composición, inicialmente dispuesta como una imagen de conjunto, queda librada a las condiciones del lugar y a la presencia de otros seres que intervienen sobre ella. Lo que comienza como una representación cartográfica del continente deviene una escena atravesada por el tiempo, donde la imagen pierde progresivamente su forma inicial.
Esta operación permite pensar la obra en diálogo con la tradición de la naturaleza muerta, como una relectura de una de sus preocupaciones fundamentales: la relación entre los objetos detenidos y el transcurrir del tiempo. Desde sus orígenes, este género estuvo asociado a la representación de flores, frutas y objetos inanimados; sin embargo, esas imágenes aparentemente inmóviles también evocaron la caducidad, la pérdida y la imposibilidad de fijar aquello que permanece en constante devenir. En Fueron las hormigas, Vega desplaza esta tensión al introducir una imagen que no se ofrece como objeto estable para la representación, sino como un proceso en el que participan el tiempo, la materia y otras formas de vida. Aquello que la tradición denominó naturaleza muerta revela aquí otra dimensión vital: la imagen deja de estar detenida y se abre a la intervención de fuerzas que exceden la mirada humana.
Natalia Giglietti
Palabras del artista
El mapa hecho de frutas estuvo a la intemperie durante cuatro días en el estacionamiento del hotel Floresta Amazónica en el norte del Mato Grosso. El hotel está situado en una zona selvática habitada por una gran variedad de animales. Las imágenes muestran insectos llevándose frutos en pequeñas cantidades como si “saquearan” el territorio. Sin embargo, los trozos grandes, o las frutas enteras desaparecían de noche y no había forma de rastrear lo sucedido. Después de cuatro días, el mapa quedo prácticamente vacío.
El ámbito de lo exótico implica la construcción de la alteridad como objeto de deseo. Como tal, encarna el impulso de conquistar y apropiarse de esa alteridad. La idea de América Latina asociada a un montaje de frutas tropicales como su territorio invita a entretener una interpretación simbólica de la historia. El barroco europeo atribuyó a América Latina imágenes de exuberancia ostentosa. Las representaciones de abundancia inagotable —la cornucopia— imaginaban una tierra próspera lista para ser explotada por los imperios europeos en expansión.
Dado que la potencias colonizadoras gobernantes ejercieron el robo a gran escala, desde el principio la rendición de cuentas resultó innecesaria. Los que quedan expuestos son los pequeños agentes a los que se puede culpar, como en el caso de los ladrones callejeros. Mientras tanto, la expropiación de capital y recursos naturales a gran escala resulta imposible de rastrear y quienes lo hacen permanecen en el anonimato. La agenda extractivista de los imperios europeos heredada por las élites de las naciones modernas, resultó en la configuración de un territorio definido por ciclos de desaparición sistémica de capitales y recursos.
Sergio Vega (Buenos Aires, 1959). Es artista visual. Realizó un Master of Fine Arts en Yale University (1996) y participó del Independent Study Program del Whitney Museum of American Art (1992). Su obra ha sido exhibida internacionalmente en instituciones y exposiciones como la Bienal de Venecia, Documenta 13, Sharjah Biennial, Kiasma Museum of Contemporary Art, Ikon Gallery y el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, entre otras. Desde la década de 1990 desarrolla proyectos que exploran las relaciones entre naturaleza, cultura, historia e imaginarios construidos alrededor de América Latina. Entre ellos se encuentra El Paraíso en el Nuevo Mundo, una investigación artística de largo aliento sobre las representaciones del continente americano como territorio de abundancia y los procesos históricos vinculados a su apropiación y explotación.



