Sábado 22.08.26
18:00 h
V200
“Son mis materiales”, insiste José Luis Landet al referirse a los paisajes y a las naturalezas muertas que busca, compra y colecciona desde hace años.
El material condensa de manera mediada los problemas de la sociedad y plantea al artista exigencias y demandas concretas, insiste también Adorno. Allí comienza el tironeo: una tensión entre lo que el artista propone y las resistencias que el material impone. La materia, desde el materialismo dialéctico, es una realidad dinámica y en ella se acumulan conocimientos, usos, hábitos, creencias. Contiene la potencia de su propio movimiento.
¿Qué implica, entonces, trabajar con una materia organizada?
Los lotes de pinturas son mucho más que una imagen. Llegan al estudio de Landet como una forma ya articulada, un artefacto constituido, casi indivisible. Persiste, en ellas, un modo de hacer: un soporte, unas técnicas, unas herramientas, una forma de mirar, un modo de representar, unas cuantas firmas. Hay mucho de receta; de composiciones aprendidas: una manera de disponer el paisaje, de construir un cielo, de componer una mesa, de distribuir los objetos. En definitiva, conservan las convenciones y las relaciones de clase que forman parte de las condiciones de su producción.
El artista trabaja sobre esa carga. Limpia, corta, separa, da vuelta, golpea. En Soportar la representación, presentada en el Centro de Arte de la UNLP, estas operaciones ponen en curso una dialéctica de desmontaje y nueva conformación. La retícula de bastidores hace visibles los formatos superpuestos de la representación; los reversos de los lienzos arman un catálogo de moldes, siluetas, patrones; y los bordes de las pinturas cuelgan como lonjas de cuero al sol.
Landet desarma el centro de ficción, poblado de códigos y de gestos, lo desplaza a sus márgenes, lo divide en secciones, lo despieza dejando, a pesar de ello, un rastro que revela su referencia. Lo hecho vuelve a ser material, forma, totalidad, sin dejar de ser lo que fue.
Natalia Giglietti



